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Dime cuándo naciste y te diré quién eres

La estación del año en la que naciste puede influir en tu personalidad

Confieso que desde muy niña he sido asidua de averiguar cuanta teoría, horóscopo o test de personalidad se me cruza por el camino para conocer, y muchas veces reafirmar, cómo se conforma mi temperamento. Y bueno no es para menos, ya sabrás que ni siquiera tenía una idea clara sobre mis orígenes y que tuve que pasar un verdadero periplo, ese que narro en mis Viajes Secretos, para sanarme y conocerme de pe a pa…

Se dice que el momento en que una persona llega al mundo siempre es especial y único, y que conforme crecemos nos rodeamos de factores que van moldeando nuestra personalidad: la genética, el ambiente, el momento social e histórico, el entorno, la familia ¡e incluso la posición de los astros!  Y bueno, hace poco me topé con esta interesante investigación de la que te quiero hablar.

El estudio, presentado en la Universidad Europea de Neuropsicofarmacología en Alemania, sostiene que la fecha en la que naciste puede incidir en ciertos rasgos de tu personalidad, como tu humor. Y no es la primera vez que la ciencia se plantea este tema, pero esta vez llegaron a conclusiones muy llamativas.

Un grupo de investigadores liderados por Zoltan Rihmer y la profesora Xenia Gonda, estudiaron a 400 personas radicadas en Budapest (Hungría), las cuales debían entregar su fecha de nacimiento y luego someterse a pruebas psicológicas para construir un perfil de personalidad.

¿El resultado? Se encontró que aquellos que habían nacido en fechas similares tenían carácter y temperamentos parecidos. De forma más precisa, ubicaron coincidencias en su tipo de humor directamente relacionadas con la estación del año en la que nacieron:

  • La gente nacida en primavera tenía una tendencia a presentar un carácter más energético y optimista, a veces en extremo (temperamento hipertímico).
  • La gente nacida en verano, se caracterizaría por tener cambios de humor más frecuentes e intempestivos entre la alegría y la tristeza (temperamento ciclotímico).
  • La gente nacida en otoño presentaría mayor estabilidad emocional y una menor tendencia a padecer temperamento depresivo.  Sin embargo podría haber cierta afinidad con la irritabilidad.
  • La gente nacida en invierno tendría poca o nula probabilidad de desarrollar un temperamento irritable, caracterizándose por ser más apacible.

¿Te identificaste o identificas a alguien que conozcas con estas características?

Pero…¿cuál es la explicación científica que respalda estas conclusiones?

Bien, pues parece que la clave está en el hecho de que la estación del año condiciona nuestra química cerebral, provocando semejanzas de temperamento con los que compartimos una fecha de nacimiento similar.

Para ser más precisa, la estación del año ejerce una influencia significativa en ciertos neurotransmisores de monoamina, que, como la dopamina y la serotonina, controlan el estado de ánimo.  Pensemos en la monoamina como una sustancia que permite la transmisión de información desde una neurona a otra. Esa información es básica para realizar cada una de las complejas actividades que realizamos, entre ellas, regular funciones como la atención, las funciones viscerales y los estados emocionales (que ahora son los que nos ocupan).

Esto quiere decir que la estabilidad o inestabilidad de tus estados emocionales, proveniente de la monoamina, podrían tener relación directa con la época en la que naciste y, según los resultados obtenidos, incluso podría prevalecer con el paso de los años.

En otras palabras, los bebés que nacen en el verano, por ejemplo, serían mucho más propensos a sufrir cambios de humor en su adultez, mientras que los nacidos en el invierno son menos propensos a convertirse en personas irritables según afirma el equipo de científicos. En opinión de la profesora Gonda, el momento en el que nacemos también puede aumentar o disminuir la probabilidad de padecer ciertos trastornos del estado de ánimo.

Los patrones de luz de cada estación también pueden influir

Otra de las teorías para explicar estas semenjanzas en la personalidad tiene que ver con los patrones de luz a los que estuvo expuesta la madre en las etapas finales del embarazo. Sabemos que los patrones de iluminación varían si se trata de primavera, verano, otoño o invierno,  y esto se podría  traducir en la afectación del ánimo de las personas, de modo que es posible que las madres pudieran traspasar esas sensaciones a sus bebés.

Quizá te suene este ejemplo: cuando los días son cortos y la luz natural escasa, disminuyen los niveles de serotonina a nivel cerebral en algunas personas provocando desde un bajón de ánimo hasta una forma de depresión mejor conocida como desorden afectivo estacional. Este fenómeno es menos frecuente cuando la iluminación de la temporada es mayor.

Es por ello que se cree que los cambios químicos en el cerebro de la madre podrían traspasarse a sus bebés y que al llegar a la edad adulta  podrían mantener la tendencia a la estabilidad o inestabilidad en los neurotransmisores que controlan aspectos importantes de la personalidad.

¡Solo queda seguir investigando!

Bueno, acá te dejé algunas teorías al respecto. Según entiendo, el próximo paso es estudiar la presencia de factores genéticos específicos en los participantes de la investigación. Es verdad que Hungría es un país con inviernos duros y estaciones bastante marcadas, por lo que los efectos del cambio son claros en sus habitantes, y según algunos detractores, podrían explicar los resultados del estudio. Sería genial realizar un estudio similar entre quienes viven en países más cercanos a los trópicos o la línea del ecuador.

Sea como sea, ahora sabemos que la temporada en la que nacemos tiene un papel importante entre los factores que hay que tomar en cuenta para saber cómo se construye nuestra personalidad. Este descubrimiento podría acercarse a brindar una explicación a los que tenemos un carácter cambiante, fuerte, positivo o depresivo. Me pregunto si la astrología coincide con ello…

Hoy tengo una mucho mejor idea de quién soy, pero también creo que nunca está de más seguir descubriendo y trabajar en tu personalidad. Conocer cómo te comportas y cómo interactúan tus diferentes rasgos o variables (incluyendo aquellos que no te gustan), no solo permite entender mejor algunos aspectos de tu vida, sino que se convierte en una herramienta que ayuda a comprendernos mejor y a crecer personalmente. Indagar en nuestra personalidad puede ser un verdadero proceso de enriquecimiento.

Pascualina

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