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Las bondades que descubrí en la meditación

Y por qué es un alivio practicarla.

¿Has sentido ese torbellino en la cabeza dónde vuelan ideas, deberes, pendientes, recuerdos, familia, amigos…TODO al mismo tiempo? Yo a veces termino fundida, agotada… pero cuando lo detecto aplico una técnica milenaria que ayuda a desocupar la mente de ese torrente infinito de pensamientos y preocupaciones. Hablo de la meditación, ¿lo has intentado? 

No. No repito mantras ni frases. No me siento cómoda haciendo eso, pero entiendo que a otras personas les ayuda a dirigir el rumbo de sus pensamientos. A mí me gusta pensar, analizar, tratar de llegar al fondo de las cosas y de sus por qués… porque si no sé por qué me siento cómo me siento, la sensación de confusión me invade y … no me gusta… Pero resulta que a veces no puedo parar, y o bien me descubro perdiendo valiosos momentos soñando despierta, o cuando estoy haciendo una cosa me distraigo en mil pensamientos y no avanzo como quisiera… A veces también, lo que comienzo a sentir es ansiedad y angustia.

Cuando me veo así, he aprendido a descubrir que en vez de estar pensando estoy imaginando. La imaginación es ese sentido interior que tenemos todos y que cumple la función de presentarnos diferentes escenarios. Es fantástica y una tremenda compañera de proyectos, pero tiene un down side: la imaginación no se detiene sola… Es decir, después de presentar un escenario que uno analiza y resuelve en su cabeza, después presenta otro – que puede ser completamente opuesto al anterior- y después de lidiar con ese, presenta otro y otro y otro… no se detiene.

Pensar en cambio es una facultad diferente en nuestro cerebro y sobre la cual sí tenemos el control de decir Stop, y simplemente se deja de pensar. La mejor manera de verificar esto es hacer la prueba con un ejercicio matemático. Si piensas en un cálculo sencillo, como por ejemplo, calcular cuántos kilos hay en total, si hay 27 sacos de manzanas, cada uno con 12 manzanas que pesan aproximadamente dos kilos cada saco…. Eso se puede pensar o dejar de pensar… Pero si activamos la imaginación y te pido que en vez de calcular, describas el saco, el color de las manzanas, el olor… las respuestas pueden ser infinitas, porque eso le pertenece al ámbito de la imaginación… y si eres como yo, la cabeza ya se te llenó de verano, árboles, vestidos blancos largos y caminatas por el campo… 

No nos resulta siempre fácil distinguirlas. A veces creemos que estamos pensando, y lo que estamos haciendo es imaginar. Y el problema de nuestra querida amiga imaginación es que detona en nosotros ansiedad, especialmente cuando de responsabilidades se trata y nos ahogamos en un interminable To do list mental. Entonces aparece la ansiedad, que no es otra cosa que miedo ante esos posibles escenarios futuros que nos abruman y se nos presentan como inevitables… como amenazas que no seremos capaces de superar. Eso es imaginación, no pensamiento.

Cuando no logramos salir de esa jaula, mezcla de pensamientos y escenarios ficticios, yo he descubierto que meditar es un camino hacia la luz. ¿Por qué? Porque la ansiedad nos pone en el futuro, pero la meditación nos centra en nuestro cuerpo, y no existe absolutamente ninguna otra cosa que sea más presente que nuestro cuerpo. El aquí y el ahora, del que tanto se habla, sólo está presente en nuestro aspecto físico, sensible. Nuestro cuerpo no está en un recuerdo del pasado, ni está en el futuro, está en el más sencillo “ahora”, presente.

Pues bien, meditar es enfocarse en el cuerpo, sobre todo a través de la respiración y de una observación detallada de cómo está el cuerpo y de cuáles son los estímulos sensoriales que nos rodean. Sin juzgar, sólo observando lo que se presenta, como haría un médico al examinar, que no está juzgando nuestro dolor de cabeza, solo quiere saber dónde está focalizado el dolor y si es un dolor punzante o que se irradia… sólo verificar. O prestar atención a los estímulos externos, pero también no juzgando si te son agradables o no, sólo tomando conciencia de que están ahí. Por ejemplo, al prestar atención a los sonidos o ruidos que hay a tu alrededor. No pienses si te molestan o no, sólo identifícalos, como si fueras parte del concurso “quién puede nombrar la mayor cantidad de sonidos… desde ahora, ya!” ¿Ves cómo el foco mental cambia, y entonces los estímulos no molestan… sólo están ahí?

Quizá me he alargado en mi introducción a la meditación, pero ya lo advertí, a mí me gusta pensar y entender cómo son las cosas. Lo de la meditación no es un truco de magia, o un concientizarse a la fuerza, o una mal entendida practica oriental que tiene como fin anularse o disolverse en la nada o en el todo. Es -al menos para mí- una herramienta que uso para volver al presente y retomar control sobre mi vida.

Aquí te escribo algunas ideas o ejercicios por si quieres empezar a probar, y te comparto la app que yo uso: HeadSpace. Es verdad que existen muchas más también, utiliza la que más te acomode:

  • Ponte ropa cómoda y busca un lugar tranquilo. Puede ser el jardín, el balcón o tu habitación… asegúrate de no ser interrumpida y no te olvides de bloquear las notificaciones del celular.
  • Elije una postura relajada. Puedes sentarte sobre una silla, hacer la posición del loto o incluso tumbarte. Solo asegúrate de mantener la espalda recta y los pies sobre el suelo, ojalá descalza. 
  • Respira hondo. Comienza con 3 minutos de respiración profunda, inhalando y exhalando, y después deja que tu cuerpo siga su ritmo de respiración normal, y comienza a contar las inhalaciones y exhalaciones en bloques de 10. Recuerda, no juzgues si la respiración está de una manera o de otra, más bien enfócate en dónde la sientes: estómago, pulmones, etc. 
  • Céntrate en un objeto o en la respiración. Puedes poner una vela y concentrarte en la llama. O practicar el “escáner corporal” que se trata de ir observando mentalmente el estado de tu cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los pies. Y puedes también meditar centrándote en los sonidos que te rodean.
  • Acepta los pensamientos que lleguen y sigue adelante. Es normal volver a los recuerdos o los pendientes, no los juzgues. Contémplalos y toma conciencia de que están ahí, no los reprimas, luego vuelve a concentrarte en el objeto, la respiración o la sensación corporal.
  • Aumenta el tiempo de meditación poco a poco. Agrega 2 minutos por práctica por cada semana que completes. Si eres constante puedes alcanzar hasta 30 minutos diarios o más, que sin duda tendrán repercusión en tu bienestar.
  • Haz de la meditación parte de tu rutina. Si puedes cumplir los pasos anteriores ya estás lista para hacer de la meditación un hábito. Prepárate para sentir sus beneficios…

¿Y cuáles son esos beneficios?

Tal vez lo más sorprendente es que algunos estudios han demostrado que la meditación como práctica consciente y prolongada puede provocar cambios en la conformación de algunas zonas del cerebro produciendo los siguientes efectos:

  • Aumento en las conexiones neuronales, lo cual se traduce en un cerebro más activo: mayor capacidad en el aprendizaje, la memoria y los procesos creativos.
  • Capacidad de concentración a largo plazo.
  • Activación de zonas cerebrales asociadas a los sentimientos de empatía, la compasión y amor altruista.
  • Reducción del estrés, depresión y la ansiedad.
  • Reducción del riesgo de depresión.
  • Inhibición de los los procesos inflamatorios.
  • Tolerancia mayor al dolor.
  • Mejor funcionamiento del sistema cardiovascular.
  • Activación del sistema inmunológico.
  • Mejor calidad de sueño.
  • Reducción del volumen de la amígdala, región del cerebro involucrada en el proceso del miedo.
  • Inhibición de los procesos cancerígenos.
  • Mayor consciencia del momento presente.
  • Aumento de actividad cerebral en el lóbulo frontal izquierdo, lo cual se refleja en una mayor sensación de felicidad.

Increíble, ¿verdad? Pero lógico al mismo tiempo, porque si no vivimos en una continua ansiedad y sensación de agobio que le hace daño a nuestro cuerpo y mente… entonces estamos más serenas y estamos mejor…  Si crees que esto podría ser algo bueno para ti, incorpóralo en tu rutina, puede ser un nuevo hábito a adquirir y puedes llevar control de él en la tabla de Hábitos de mi Agenda Pascualina 2021. 

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