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¿Relación complicada con tus padres?

Conforme crecemos algunas dinámicas se pueden volver más complejas…

Cuando se es niñ@ uno disfruta al máximo la compañía de los padres. Yo era especialmente apegada a ellos, realmente los veía cómo súper héroes, no tenía duda de que que todo lo que hacían, decían y recomendaban era la guía perfecta…pero cuando llegó la adolescencia esas bonitas relaciones de antaño comenzaron a complicarse, quizá te suene: ¿A dónde vas? ¿Con quién sales? ¿Cómo te va en la escuela? ¿A qué hora regresas? Esa ropa que llevas. Ese novio tuyo no me gusta nada. Aún no tienes edad para…

Y eso por mencionar los temas de conflicto más básicos. Los años pasaron, tuvimos que mudarnos de casa varias veces, la comunicación con mi madre comenzó a mermar, me volví más cercana a mi padre. En alguna ocasión sentí celos porque me llegó a pasar por la cabeza que confiaban más en mi hermana Aldonza que en mí. Tiempo después, al enterarme de que no me habían contado el panorama completo de mi vida (todo esto lo narro en mis Viajes Secretos) me llegaría ese terrible sentimiento de ser insuficiente para ellos. ¡Uff! tantas emociones encontradas con las personas que antes fueran el objeto de mi admiración…

Hoy, con un poco más de distancia de aquellos hechos te quiero compartir algunos pensamientos.

Cuando niños no tenemos voz ni voto para muchas de las cosas que nos suceden. Y es natural. Nuestros padres se encargan de tomar  todas las decisiones: desde qué desayunaremos en la mañana hasta la ropa de dormir que usaremos. Todo pequeño necesita ese tipo de protección y asistencia, porque no es lo bastante maduro para cuidar de sí mismo ni para decidir sobre ciertas cuestiones vitales.

Pero pasa el tiempo y nos convertimos en adolescentes. Y algo que caracteriza a la adolescencia es esa búsqueda por desarrollar una identidad propia. Lo anterior se expresa cuando formulamos nuestras propias opiniones, ideas y valores sobre la vida; eso es precisamente lo que nos prepara para la etapa adulta. Y en algunos casos, esa identidad puede ser muy diferente a la de tus padres. El solo hecho de verte crecer y tomar tus propias decisiones puede convertirse en un desafío adaptativo para tus padres, es un cambio que muchas veces les cuesta trabajo adoptar por lo acostumbrados que están a verte como una niña o un niño.

Créeme, en la mayoría de las familias, es este proceso de adaptación lo que suele provocar las discusiones de todos los días. Tú quieres redecorar tu habitación con elementos más modernos pero ellos no entienden por qué ya no te gustan los peluches que antes adorabas. A ti te encanta grabar stories con tus amig@s para subirlos a Instagram, pero ellos preferirían que practicaras algún deporte.

Este tipo de roces son muy frecuentes entre padres e hij@s durante la adolescencia: como jóvenes nos enfadamos porque consideramos que nuestros padres no respetan, no entienden, no confían o no nos dan espacio para hacer lo que nos gusta, y los padres se enojan porque no están acostumbrados a ceder el control que antes tenían o porque difieren de nuestras decisiones como adolescentes.

El resultado sin duda es muy desgastante. Uno puede terminar agotado y dolido por este tipo de enfrentamientos que incluso suelen escalar si se trata de asuntos relacionados con la sexualidad, las amistades, la independencia…y otras cuestiones complejas que van emergiendo naturalmente. Aunque parezca que tus padres quieren llevarte la contraria hay que decir que tras sus actitudes está la intención de protegerte y garantizar tu seguridad, independientemente de la edad que tengas.

Seré honesta: es posible que tanto tú como tus padres necesiten algún tiempo para adaptarse a los nuevos roles…pero, la buena noticia es que haciendo un esfuerzo es posible mejorar la comunicación con ellos para facilitar ese entendimiento mutuo que a veces parece perdido. Además, toma en cuenta que ellos también fueron adolescentes y en la mayoría de los casos pueden hacerse una idea del proceso por el que estás pasando.

¿Y cómo mejoro la comunicación con mis padres?

Partamos por imaginar que quieres comunicar una decisión que tus padres no apoyan o no están dispuestos a aceptar.

  • Respira hondo. Antes de argumentar cualquier cosa recuerda que un clima de tranquilidad es  idóneo para abrir el canal de comunicación de forma más efectiva. ¿A qué me refiero? A que te expresas tranquilamente, con respeto. Con ello lograrás que todos estén en la misma sintonía y que se puedan lograr acuerdos satisfactorios para ambas partes.
  • Expresa por qué ese asunto es importante para ti. Ofrece argumentos. Intenta transmitir a tus padres tus motivaciones y aprehensiones, ¡es muy válido! Pon énfasis en que el valor de tu decisión está ligada a tu felicidad y no a un capricho motivado desde el egoísmo.
  • Refuerza la generosidad y el afecto con tus padres. Muchas veces el orgullo y el miedo se convierten en barreras que bloquean la comunicación. En lugar de repetir lo incomprendida que te sientes, recuérdales cuánto los quieres.  A veces los padres temen que te alejes de ellos y necesitan darse cuenta de que siempre estarás a su lado aunque cambien las circunstancias.
  • No permitas que se desborde el conflicto. A veces ayuda acotar y poner el motivo de la discusión dentro de un contexto. Es necesario aclarar que la relación con tus padres es mucho más amplia y rica en matices.
  • Empatiza con ellos. Así como tú pides comprensión haz el esfuerzo de ponerte en los zapatos de ellos para entender su perspectiva. Recuerda que forman parte de otra generación y esto influye de manera significativa en sus valores y filosofía de vida. Esto te puede ayudar también a identificar aquello que te une a ellos.
  • No generalices. Aunque tengan muchas cosas en común, tu padre y tus madre son diferentes, es mejor reconocerlos con sus diferencias como individuos.
  • ¿Te sientes sobreprotegid@? Exprésaselo a tus padres, agradece su ayuda y aclara que pedirás su consejo cuando lo necesites.
  • No centres la relación con tus padres pensando solo en tus derechos. Cuida tu vínculo con ellos encontrando una fórmula con la que te sientas cómod@. Por ejemplo, si estás dispuesta a limpiar tu habitación para poder volver a casa una hora más tarde, tanto tú como tus padres saldrán ganando.

Si lo has intentado todo y no encuentras una mejoría vale mucho la pena que busques ayuda psicológica profesional para que trate tu caso en particular. Recuerda que la historia de cada familia es única.

¿Y qué sucede si has logrado que te apoyen en aquella decisión?

Comprométete. Demuestra que eres adult@ y serás responsable no solo de tus actos sino también de tus consecuencias. Actúa como protagonista de este momento de tu vida y toma decisiones que te ayuden a crecer y a evolucionar. Te puedo decir que hoy he sanado las heridas con mis padres y bueno, ¡no queda mas que seguir aprendiendo!

Conforme crecemos algunas dinámicas se pueden volver más complejas…

Cuando se es niñ@ uno disfruta al máximo la compañía de los padres. Yo era especialmente apegada a ellos, realmente los veía cómo súper héroes, no tenía duda de que que todo lo que hacían, decían y recomendaban era la guía perfecta…pero cuando llegó la adolescencia esas bonitas relaciones de antaño comenzaron a complicarse, quizá te suene: ¿A dónde vas? ¿Con quién sales? ¿Cómo te va en la escuela? ¿A qué hora regresas? Esa ropa que llevas. Ese novio tuyo no me gusta nada. Aún no tienes edad para…

Y eso por mencionar los temas de conflicto más básicos. Los años pasaron, tuvimos que mudarnos de casa varias veces, la comunicación con mi madre comenzó a mermar, me volví más cercana a mi padre. En alguna ocasión sentí celos porque me llegó a pasar por la cabeza que confiaban más en mi hermana Aldonza que en mí. Tiempo después, al enterarme de que no me habían contado el panorama completo de mi vida (todo esto lo narro en mis Viajes Secretos) me llegaría ese terrible sentimiento de ser insuficiente para ellos. ¡Uff! tantas emociones encontradas con las personas que antes fueran el objeto de mi admiración…

Hoy, con un poco más de distancia de aquellos hechos te quiero compartir algunos pensamientos.

Cuando niños no tenemos voz ni voto para muchas de las cosas que nos suceden. Y es natural. Nuestros padres se encargan de tomar  todas las decisiones: desde qué desayunaremos en la mañana hasta la ropa de dormir que usaremos. Todo pequeño necesita ese tipo de protección y asistencia, porque no es lo bastante maduro para cuidar de sí mismo ni para decidir sobre ciertas cuestiones vitales.

Pero pasa el tiempo y nos convertimos en adolescentes. Y algo que caracteriza a la adolescencia es esa búsqueda por desarrollar una identidad propia. Lo anterior se expresa cuando formulamos nuestras propias opiniones, ideas y valores sobre la vida; eso es precisamente lo que nos prepara para la etapa adulta. Y en algunos casos, esa identidad puede ser muy diferente a la de tus padres. El solo hecho de verte crecer y tomar tus propias decisiones puede convertirse en un desafío adaptativo para tus padres, es un cambio que muchas veces les cuesta trabajo adoptar por lo acostumbrados que están a verte como una niña o un niño.

Créeme, en la mayoría de las familias, es este proceso de adaptación lo que suele provocar las discusiones de todos los días. Tú quieres redecorar tu habitación con elementos más modernos pero ellos no entienden por qué ya no te gustan los peluches que antes adorabas. A ti te encanta grabar stories con tus amig@s para subirlos a Instagram, pero ellos preferirían que practicaras algún deporte.

Este tipo de roces son muy frecuentes entre padres e hij@s durante la adolescencia: como jóvenes nos enfadamos porque consideramos que nuestros padres no respetan, no entienden, no confían o no nos dan espacio para hacer lo que nos gusta, y los padres se enojan porque no están acostumbrados a ceder el control que antes tenían o porque difieren de nuestras decisiones como adolescentes.

El resultado sin duda es muy desgastante. Uno puede terminar agotado y dolido por este tipo de enfrentamientos que incluso suelen escalar si se trata de asuntos relacionados con la sexualidad, las amistades, la independencia…y otras cuestiones complejas que van emergiendo naturalmente. Aunque parezca que tus padres quieren llevarte la contraria hay que decir que tras sus actitudes está la intención de protegerte y garantizar tu seguridad, independientemente de la edad que tengas.

Seré honesta: es posible que tanto tú como tus padres necesiten algún tiempo para adaptarse a los nuevos roles…pero, la buena noticia es que haciendo un esfuerzo es posible mejorar la comunicación con ellos para facilitar ese entendimiento mutuo que a veces parece perdido. Además, toma en cuenta que ellos también fueron adolescentes y en la mayoría de los casos pueden hacerse una idea del proceso por el que estás pasando.

¿Y cómo mejoro la comunicación con mis padres?

Partamos por imaginar que quieres comunicar una decisión que tus padres no apoyan o no están dispuestos a aceptar.

Si lo has intentado todo y no encuentras una mejoría vale mucho la pena que busques ayuda psicológica profesional para que trate tu caso en particular. Recuerda que la historia de cada familia es única.

¿Y qué sucede si has logrado que te apoyen en aquella decisión?

Comprométete. Demuestra que eres adult@ y serás responsable no solo de tus actos sino también de tus consecuencias. Actúa como protagonista de este momento de tu vida y toma decisiones que te ayuden a crecer y a evolucionar. Te puedo decir que hoy he sanado las heridas con mis padres y bueno, ¡no queda mas que seguir aprendiendo!

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