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¿Amigas que no son tan “amigas”?

Si tu “bff” siempre termina por hacerte sentir mal, quizá deberías leer este post…

Recuerdo que en ese momento vivía en Barcelona. Después de clases, siempre terminábamos en su casa o en la mía viendo películas, escuchando música, bailando o hablando por horas y horas.

Las dos entendíamos ese sentimiento de desarraigo, de no ser ni de aquí ni de allá. Su padre era cónsul, y el mío… bueno… el mío nos movía de ciudad en ciudad para ocultarnos… 

 Ambas habíamos llegado recientemente a la ciudad y eso de ser las dos las “chicas nuevas” nos unió. Por mi parte sentía que por fin podía conversar con alguien que entendiera realmente lo que significaba dejar atrás amigos y buenos momentos por culpa de esa vida itinerante.

Los primeros meses lo pasamos increíble, pero transcurrió el tiempo y los momentos que antes disfrutaba en su compañía comenzaron a tornarse incómodos… ¡y vaya que intenté poner de mi parte para que eso no ocurriera! Al principio fueron comentarios del estilo: “ese vestido que te encanta no te sienta nada bien”, “pasaste en el examen solo porque le caes bien a la profesora”, “tus gustos en arte son bastante extraños, deberías enfocarte en otra cosa”, “no creo que le gustes a ese chico”, “eres demasiado cómoda”.

En algún momento hasta me hizo dudar: “Quizá tiene razón. Quizá no puedo con esto o con lo otro y debería cambiar”. Y es que no me cabía en la cabeza que si éramos tan amigas tuviera que desconfiar de sus opiniones. Además, eventualmente después de un mal rato, siempre volvíamos a pasarlo bien y eso me reafirmaba que quizá yo estaba siendo demasiado sensible o exageraba cosas que no existían. 

Pero hubo un punto de no return. En una ocasión recibí la visita de dos amigos que estaban de paso por la ciudad. Pasé tiempo con ellos y a diferencia de con mi amiga, me sentía más libre y más ligera con su compañía. Pese a todo, la incluí en mis planes pensando que todos haríamos buena química, además ella no conocía a mucha más gente. Mis amigos y yo lo pasamos genial, recorrimos la ciudad, nos reímos, comimos delicioso, paseamos por la playa… pero cuando me quedé a solas con mi amiga sus descalificaciones parecían no tener fin… No solo criticaba mi elección de amistades sino “lo poca cosa” que le parecía ese par…

¿Te ha pasado sentir ese momento de perplejidad máxima, en la que abres la boca para hablar, pero realmente no te sale nada… porque nada de lo que te dicen coincide con la realidad? Bueno, así mismo me sentía yo… ¿Quién era esta persona que tenía a mi lado y por qué descalificaba todo lo que a mí me parecía bien?

Cuando la envidia se cuela en la amistad

Alguna vez escuché que la envidia del amigo puede ser peor que el odio del enemigo. 

La envidia, según la revista Psychology Today, es un tipo de tristeza que surge del deseo de recibir las alabanzas o tener las posesiones que otra persona recibe o tiene. Ya sea cosas materiales, o posibilidades o elogios. 

Somos criaturas sociales, todos tenemos la necesidad de formar lazos de amistad, pero muchas veces, las personas que consideramos cercanas, comienzan a sentir celos que no son inmediatamente perceptibles para [email protected] 

El sentimiento de envidia surge cuando en vez de alegrarnos por las cosas buenas que tienen o reciben los demás, nos entristecemos.  

Cuando esa sensación se activa dentro de las amistades, la relación comienza a experimentar tensiones y conflictos; se vuelve competitiva, y una especie de veneno psicológico comienza a destruir la amistad.

Las personas envidiosas, si se dejan llevar por ese sentimiento, pueden volverse realmente tóxicas y planificar la caída de otra persona en base a sembrar rumores y malos comentarios, hasta llegar al punto de alegrarse con la desgracia de los demás.

Recuerda que la amistad se construye en base a la confianza, al cariño y al apoyo mutuo. Por eso, cuando interviene el elemento “yo quiero brillar más que tú” que es la esencia de la envidia, los cimientos de la amistad comienzan a tambalearse. ¡Es terriblemente difícil relajarse y confiar en un amigo si ese amigo no desea lo mejor para ti!

¿Cómo puedo reconocer si tengo alguna amistad envidiosa?

  • Esa persona está más centrada en tu vida que en la suya propia. Pareciera que se toma a mal o se ofende por cada decisión que tomas.  
  • Le quita mérito e importancia a tus triunfos. Puede incluso hacer comentarios irónicos como murmurando con otras personas cuando tú no estás presente, y hasta disfrazar con “humor” lo que realmente piensa de ti.
  • Hace comentarios negativos de ti delante de otras personas. Generalmente te pilla [email protected]
  • Cuando habla de sus cosas lo hace para ser [email protected] más que los demás y convertirse en el centro de atención.
  • Compite contigo y se pone a la defensiva, como si en la amistad uno tuviera que ganar o perder.
  • Su lenguaje corporal se puede ver poco natural o forzado cuando le comunicas alguna buena noticia de tu vida. Le cuesta mirarte a los ojos, baja la mirada.
  • Puede ocurrir que notes contradicciones constantes entre sus palabras y sus hechos.
  • Es capaz de boicotear tus otras amistades, apagar tus ilusiones o criticarte a tus espaldas.
  • Tras haber compartido tiempo con esa persona te sientes desgastada, falta de energía. A veces no tienes claro por qué pero te quedas con una sensación de hastío.

¿Y si yo soy quien siente envidia?

Todos hemos sentido envidia alguna vez, no importa cuánto queramos creer lo contrario. Se trata de un sentimiento muy arraigado en la naturaleza humana, y hay que saber hacer sus distinciones,  porque hay un cierto sentimiento de envidia que no es del todo malo. Cuando vemos logros en otras personas que nos gustaría tener o ser [email protected] de esa manera y eso nos impulsa a esforzarnos para lograrlo, eso no es malo. Siempre se siente como un tipo de tristeza, pero si lo que consigue es que nos motivemos y esforcemos, no está mal, al contrario. Es bueno querer ser mejores, y es bueno rodearnos de [email protected] que nos suben el nivel.

Pero si lo que se nos instala dentro es el no desear que esa persona tenga más que yo, y empiezo a sentir tristeza y rabia, entonces  hay que darle la batalla si no queremos acabar completamente [email protected] y [email protected]

Lo que podemos hacer es ejercitarnos en cambiar nuestra reacción, y hacer un esfuerzo mental por pensar de un modo positivo sobre las demás personas, pensando en lo bien que se ven, o qué buen trabajo entregaron, o cómo ese proyecto de arte quedó super cool…  Aunque parezca forzado al principio, pensar bien nos ayuda a cambiar nuestra emoción.

Y también es bueno, reflexionar un poco sobre qué nos hace sentir tan [email protected] respecto a [email protected] mismas que necesitamos quitarle mérito a los demás. ¿Será que somos [email protected]? Quizá la raíz de nuestra envidia no tiene nada que ver con [email protected] [email protected], si no con [email protected] [email protected]

Finalmente, ¿de qué sirve ponernos [email protected] de los logros de [email protected] si eso es una cuestión que no nos perjudica? La energía competitiva siempre rendirá mayores efectos cuando la utilizamos para desafiarnos o para competir con [email protected] mismos y superarnos, que cuando las empleamos para tratar de denigrar a quienes envidiamos.

Mis conclusiones de esta experiencia

  • Hay que confiar en la intuición: si comienzas a sentirte mal tras pasar tiempo con un [email protected] en particular, pon atención. 
  • La clave está en poner límites: distanciarse, decir que no, no compartir todo con esa persona, en definitiva, poner límites para no salir [email protected]
  • Los envidiosos no son precisamente “malas personas”. Alguna vez mi psiquiatra me explicó que tras esas actitudes puede haber baja autoestima, miedo al rechazo, no sentirse [email protected], incluso una infancia en la que las comparaciones con otros eran el pan de cada día. De algún modo, los sentimientos negativos que tienen interiorizados suelen convertirse en pensamientos negativos hacia otras personas.

Recuerda, una relación fuerte de amistad se basa en la confianza, el cariño, el apoyo y respeto por el otro. Los verdaderos amigos no solo se alegran por el bien de los demás, sino que se apoyan y comparten sus logros y triunfos. 

¡Alejarnos de quien nos hace daño siempre será una decisión inteligente!

Espero que esta reflexión te ayude 🙂

Pascualina

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